Lo Urgente y lo Necesario

En como tomamos decisiones existe una dicotomía  recurrente sobre la cual me gustaría reflexionar y que a menudo no nos deja vislumbra el verdadero camino y esta es: la diferencia entre lo urgente y lo necesario. Para fundamentar correctamente nuestras decisiones, es conveniente  ser consciente de esta distinción pues de lo contrario corremos el riesgo de no cerrar cuestiones o cerrarlas en falso. Pues nos encontramos que a veces lo urgente oculta lo necesario y no todo lo urgente es lo más importante.

En un sentido religioso,  lo mejor y lo más duradero es lo que esta con Dios (estemos de acuerdo o no), y  esta vida no seria sino la antesala de otra mas definitiva y hacia la cual debemos enfocarnos, esto seria lo que verdaderamente daría sentido  a nuestro  existencia  y lo importante. Por contraposición a lo inmediato, ligado a la vida cotidiana y que solo acapara nuestra atención momentáneamente y que es de una sucesión sin termino y nos distrae de lo que transciende.  Bien entendido, no es despreciar la vida cotidiana, sino darle un sentido y trascenderla.

Lo urgente suele resolver el momento; lo necesario, en cambio, es lo que sostiene la vida. Lo urgente responde a la presión del presente. Lo necesario responde a algo más profundo: aquello que hace que nuestras decisiones tengan continuidad y sentido.

Esta diferencia se entiende bien en muchas situaciones cotidianas: En un problema de salud, por ejemplo,  puede ser urgente calmar un dolor o síntoma de inmediato con un remedio rápido; es la reacción natural frente al malestar y nos da alivio momentáneo. Sin embargo, lo necesario consiste en atender la causa real del problema: ajustar hábitos, seguir el tratamiento adecuado o cambiar aspectos de nuestro estilo de vida para evitar que el mal vuelva a aparecer. Mientras lo urgente nos calma en el instante, lo necesario nos cuida a largo plazo y sostiene nuestro bienestar real. 

Puede ser urgente salir de una situación difícil, cerrar un conflicto o tomar una decisión rápida. Pero lo necesario puede ser otra cosa: encontrar las condiciones que permitan vivir con claridad, mantener un proyecto personal o preservar aquello que da forma a la propia vida.

El problema es que lo urgente hace más ruido. Lo necesario suele ser más silencioso.

Las instituciones, las organizaciones e incluso nuestra propia mente tienden a priorizar lo urgente, porque es lo que reclama respuesta inmediata. Pero cuando solo se atiende lo urgente, existe el riesgo de dejar sin resolver aquello que realmente importa.

Por eso conviene detenerse, aunque sea un momento, y hacerse una pregunta sencilla:

¿esto que estoy resolviendo es solo urgente o también es necesario?

No siempre es fácil distinguirlos. A veces coinciden, y entonces la decisión es clara. Pero otras veces no, y en ese caso aparece una tensión que forma parte de muchas decisiones humanas.

Tal vez una forma sencilla de expresarlo sea esta:

Lo urgente resuelve el momento; lo necesario sostiene la vida.

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