Hoy no llego a ninguna injusticia,
ni al grito urgente de las calles,
ni al rumor sordo de los pasillos
donde se fraguan culpas invisibles.
Camino despacio entre sombras,
sin recoger piedras que no son mías,
dejando que el viento decida
qué se lleva y qué me deja.
Observo, y a veces me pesa,
la injusticia es un río que corre sin fin,
y hoy mis pies solo quieren margen,
un lugar donde no mojarse en su corriente.
No es olvido, ni cobardía,
es el intento de mantener el alma intacta,
de no cargar más de lo que ya pesa,
de mirar sin hundirme en el barro del mundo.
Hoy no llego a ninguna injusticia:
solo respiro, solo escucho,
y dejo que el mundo se mueva
sin que yo lo arrastre conmigo.
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